La crisis hídrica de 2024 en Ciudad de México marcó un punto de inflexión para los administradores de propiedades y grandes portafolios inmobiliarios. Empresas como Fibra Uno (FUNO) han respondido reduciendo significativamente el consumo de agua en sus activos. Desde 2018, FUNO reporta una disminución cercana al 64% en el uso de agua por cada metro cuadrado ocupado a lo largo de su portafolio nacional (Fibra Uno, 2026), un resultado que destaca en un contexto de creciente presión sobre los recursos hídricos urbanos.
La reutilización del agua se posiciona como estándar de resiliencia
En 2025, Fibra Uno trató 580,570 metros cúbicos de aguas residuales en sus propiedades a través de 66 plantas de tratamiento (Fibra Uno, 2026). Esta cifra —suficiente para llenar 232 albercas olímpicas— pone en perspectiva la magnitud del esfuerzo implementado en la gestión hídrica de activos comerciales y de oficinas. El plan de FUNO apunta a reutilizar el 30% de sus aguas residuales para 2030. De momento, la empresa ha avanzado un 41% hacia ese objetivo (Fibra Uno, 2026), delineando una ruta progresiva en la adopción de prácticas de economía circular en el sector inmobiliario mexicano.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) subraya que los principales puntos de consumo de agua en los edificios son sanitarios, sistemas de calefacción y enfriamiento, y el paisajismo (EPA, 2025). FUNO ha orientado su estrategia a la eficiencia en todos esos frentes mediante inversiones en infraestructura de tratamiento y reutilización del recurso hídrico. Gonzalo Robina, director general adjunto de la empresa, sostiene que el estándar de operaciones futuras en el sector tendrá a la economía de agua como eje estratégico.
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Tecnologías y estrategias que definen la nueva eficiencia hídrica
La apuesta de FUNO no depende solo de las plantas de tratamiento. Un componente central ha sido la instalación de mobiliario hidrosanitario eficiente: sanitarios, mingitorios y grifos de bajo consumo, combinados con programas de mantenimiento preventivo y revisiones periódicas para evitar fugas (Fibra Uno, 2026). La gestión de aguas pluviales y la optimización de los sistemas de drenaje forman parte integral de estas medidas, facilitando el máximo aprovechamiento y la reducción de desperdicio en fuentes de agua no potable.
El monitoreo continuo y el control tecnológico se han convertido en aliados fundamentales. La captación pluvial no solo brinda autonomía frente al suministro municipal, sino que también reduce los picos de demanda y la presión sobre la infraestructura urbana. Al mismo tiempo, los análisis periódicos de consumos permiten identificar rápidamente anomalías y ajustar operaciones según condiciones cambiantes del entorno.
Las certificaciones internacionales, como LEED v5 para edificios en operación y mantenimiento, vinculan directamente la reducción del consumo de agua potable con un menor uso de energía y bajas emisiones de carbono (LEED v5, 2025). Para inversionistas institucionales y operadores de grandes activos, asegurar estos estándares ofrece ventajas reputacionales y posicionamiento frente a reguladores y usuarios, además de traducirse en eficiencias operativas de largo plazo.
La presión hídrica transforma los criterios de inversión y operación inmobiliaria
El cambio en la gestión del agua está modificando la percepción de riesgo y valor en el mercado. La emergencia de 2024 en Ciudad de México precipitó la revisión de protocolos de abastecimiento, uso y tratamiento del recurso en todos los activos relevantes. El Banco Mundial advierte sobre la intensificación de sequías en América Latina y la amenaza estructural que supone la escasez para el desarrollo y la rentabilidad inmobiliaria (Banco Mundial, 2025).
En México, los principales portafolios están moviéndose hacia modelos de resiliencia ante la incertidumbre hídrica prolongada. La inversión en infraestructura de tratamiento, la integración de tecnologías de bajo consumo y el monitoreo granulado de consumos comenzaron a formar parte no solo de políticas de responsabilidad social, sino de los lineamientos básicos de continuidad operativa. El desempeño de FUNO muestra que quienes anticipan la gestión hídrica integral pueden no solo disminuir sus riesgos contemporáneos, sino capitalizar ventajas competitivas ante regulaciones más estrictas o crisis extendidas.
Los propietarios e inversores que hasta ahora habían relegado la gestión eficiente del agua comienzan a reevaluar su peso en los planes de mantenimiento y reinversión, conscientes de que las fuerzas externas —crisis climáticas, regulación, presión social— ya no permiten aplazamientos.
¿Se repite este patrón en América Latina?
En América Latina, si bien el problema de la escasez de agua es reconocido y documentado, aún no existen muchas iniciativas de gran escala que igualen el nivel de reducción y reutilización hídrica alcanzado por Fibra Uno en México. Casos aislados en Brasil, Chile y Colombia apuntan en esa dirección, pero la consolidación de estrategias sistemáticas de tratamiento y reutilización masiva sigue siendo la excepción y no la norma (Banco Mundial, 2025). México, en este contexto, emerge como referente regional en materia de adaptación hídrica inmobiliaria, anticipando un estándar que otros mercados podrían verse obligados a adoptar ante el agravamiento de las presiones climáticas.
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