Desde las banquetas de la informalidad en Colombia hasta el liderazgo empresarial con operaciones en cinco países, el caso de una emprendedora revela cómo el sector inmobiliario en América Latina se está transformando gracias al empuje femenino y los modelos de negocio digitales. Más allá de romper barreras, su empresa factura hoy más de US$1 millón al año, un dato que marca un punto de inflexión y referencia para el ecosistema emprendedor regional.
El salto de la informalidad a la expansión regional
Lo que inició como una venta callejera en Colombia evolucionó en un hub inmobiliario con presencia internacional. Este caso subraya una tendencia en auge: mujeres fundando empresas capaces de escalar por fuera de los mercados tradicionales. Karolina Ochoa dirige actualmente una compañía que supera el millón de dólares de facturación anual, una cifra inusual para los estándares de startups inmobiliarias en la región (Forbes Colombia). El hub ha comercializado propiedades por más de US$4.700 millones a lo largo de su trayectoria y ha generado comisiones superiores a los US$72 millones, con algunos de sus master brokers reportando ingresos mensuales que superan los US$50.000. Ochoa, quien fue madre a los 17 años y llegó al sector inmobiliario «por accidente» tras vender una propiedad, acumula 14 años en el negocio; antes de eso vendía inciensos y vitaminas puerta a puerta, y enfrentó dos quiebras previas antes de consolidar el modelo actual.
Esta transformación se dio a partir del reconocimiento de una oportunidad concreta: la desatención del mercado formal frente a necesidades habitacionales y de acceso a propiedad. La migración de una actividad informal a una operación estructurada en cinco países evidenció un salto en escala y diversificación de productos inmobiliarios, siguiendo patrones de profesionalización que en Colombia apenas comienzan a consolidarse.
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Réplicas y desafíos para la expansión del modelo
La expansión a cinco mercados —Colombia, Panamá, República Dominicana, México y Estados Unidos— indica que el emprendimiento colombiano encontró modos de adaptación ante normativas, idiomas y particularidades logísticas de diferentes entornos. Tal despliegue exige modelos flexibles de contrato, tecnología propia y redes cualificadas para la gestión remota de propiedades. De hecho, según cifras reportadas en la historia, la facturación anual de más de US$1 millón refleja que el negocio rompe el techo habitual de microemprendimientos fundados por mujeres en sectores históricamente dominados por hombres (Forbes Colombia). La compañía ya proyecta un siguiente paso: la expansión hacia España, un mercado que ampliaría su presencia a un sexto país y a otro continente.
Esta tendencia de liderazgo femenino en la expansión de startups inmobiliarias latinoamericanas, evidenciada en este caso, se suma a movimientos regionales donde las mujeres emprendedoras están sacudiendo viejos modelos de gestión. La capacidad de replicar procesos y escalar operaciones en cinco países contrasta con la experiencia más frecuente de emprendedores inmobiliarios en Colombia, cuyo avance suele estar restringido al ámbito metropolitano o nacional.
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Espacio para la innovación y el reto de consolidar estructuras
El crecimiento del hub inmobiliario colombiano también muestra los retos pendientes para las iniciativas lideradas por mujeres en la región. El acceso a financiamiento para expandir operaciones, la formalización de contratos y la integración tecnológica siguen siendo barreras latentes. Para atender parte de estas brechas, el hub creó INMO Academy, un programa de formación que ya capacitó a más de 25.000 estudiantes, de los cuales más del 70% son madres cabeza de familia, distribuidos en más de 20 programas distintos. La empresa también organiza COINMO (Convención Internacional de Negocios Inmobiliarios), un evento que ya ha congregado a más de 3.000 profesionales del sector. La historia señala, sin embargo, que con visión de escalabilidad y oferta adaptada, empresas lideradas por mujeres ya pueden alcanzar y superar el umbral del millón de dólares de ingresos anuales.
La estructura que sostiene esta expansión requiere automatizar la captación de clientes, centralizar procesos administrativos y mantener redes eficientes de aliados y gestores en cada país. En Colombia, donde la digitalización inmobiliaria todavía avanza a paso desigual, el ejemplo de este hub puede presionar al resto del sector a modernizarse más rápido.
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Qué significa esto para un propietario en Colombia
Para un propietario en Colombia, este tipo de casos implica nuevas opciones para gestionar y rentabilizar inmuebles, ya sea a través de plataformas nacionales con expansión regional o de servicios inmobiliarios más profesionalizados. Mientras la competencia en el sector se dinamiza y nacen modelos orientados por la experiencia femenina, se amplían las rutas para obtener mejores retornos y seguridad jurídica en la administración de bienes raíz, así como acceso a redes internacionales para captar inquilinos o compradores fuera del país.
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