El turismo se posiciona como el mayor catalizador para la recuperación del sector inmobiliario en América Latina. El segmento hotelero, en particular, registró una expansión cercana al 65% en el último año, impulsado por la llegada de más de 35 millones de turistas internacionales a la región, según un informe de EY. Este dinamismo disparó la demanda de nuevas infraestructuras, obras de renovación y la reconversión de activos inmobiliarios para uso turístico.
La reactivación del flujo internacional de viajeros, en conjunto con fenómenos de urbanización y la relocalización de cadenas productivas, está reconfigurando los principales mercados inmobiliarios. Ciudades y destinos turísticos experimentan mayor presión por desarrollos hoteleros, resorts de lujo y proyectos inmobiliarios orientados a la economía de la experiencia, en un contexto de alzas en los precios y competencia por terrenos estratégicos.
A escala regional, el mercado inmobiliario latinoamericano alcanza un volumen estimado de USD 687.700 millones en 2024, con expectativas de llegar a USD 1,278.800 millones en 2033, a un ritmo anual compuesto del 6.4%, según datos de la Confederación Inmobiliaria Latinoamericana (CILA).
El impulso del turismo internacional redefine el desarrollo inmobiliario
Las cifras muestran que los movimientos en el sector turístico no se limitan a la preferencia de los visitantes. El arribo de más de 35 millones de turistas internacionales en el último año representó un motor concreto de inversión en infraestructura para hospedaje y servicios. Hoteles, condominios y proyectos de uso mixto en destinos como Cancún, Medellín, Santiago o Lima encabezan la transformación del perfil inmobiliario latinoamericano.
Las grandes cadenas hoteleras están acelerando su presencia en ciudades de actividad empresarial y enclaves vacacionales. Esto genera oportunidad para desarrolladores e inversores que buscan capitalizar el apetito por hospedajes diferenciados y servicios premium, como spas, centros de convenciones y experiencias gastronómicas. La demanda de infraestructura robusta también impactó positivamente la construcción y el sector de servicios asociados.
Sin embargo, el efecto no es idéntico en todos los mercados. Por ejemplo, mercados como México (Saltillo, Querétaro, San Luis Potosí) y Colombia (Medellín) han visto un repunte más marcado por combinaciones de turismo corporativo y vacacional, mientras que otros países enfrentan desafíos ligados al acceso al financiamiento y la presión inflacionaria.
Recuperación con matices: factores financieros y heterogeneidad por país
Aunque la reactivación del turismo impulsa la construcción y nuevos desarrollos, el escenario macroeconómico añade un matiz relevante. Elementos como la inflación, que el Banco de la República estimó en 5,10% para 2025, junto al costo del financiamiento y la restricción en el acceso al crédito, influyen sobre el ritmo de recuperación inmobiliaria.
Las diferencias entre mercados resultan notorias. Algunos países cuentan con mejores condiciones para inversión y financiamiento, lo que acelera los grandes proyectos y la transformación de activos. Por otro lado, la volatilidad cambiaria y la brecha en tasas de interés moderan la velocidad de avance en mercados menos robustos.
El vencimiento de un volumen considerable de CDT en Colombia de cara a 2026 es señal de una presión adicional para captar capital fresco hacia proyectos inmobiliarios, tanto residenciales como turísticos y corporativos. Inversionistas observan de cerca estos factores a la hora de decidir entre nuevos lanzamientos o la reactivación de obras detenidas.
Nuevos focos de inversión: proyectos de lujo y expansión logística
El auge de la demanda turística favoreció el despliegue de proyectos inmobiliarios en segmentos de alto valor. La preferencia de los viajeros internacionales por experiencias exclusivas está derivando en la proliferación de hoteles boutique, resorts de lujo y emprendimientos de hospitalidad orientados a nichos específicos. Las grandes capitales regionales y los destinos turísticos tradicionales se disputan la inversión en este nuevo ciclo.
Paralelamente, el auge logístico y el crecimiento urbano vinculado al turismo también incentivan la edificación de parques industriales, almacenamiento y centros de distribución en polos de conectividad. En ciudades mexicanas como Querétaro y San Luis Potosí o en enclaves chilenos, el desarrollo de infraestructura logística acompaña tanto al turismo como al comercio y la relocalización de fábricas.
Más del 30% de los inversionistas en la región manifestó su intención de incrementar posiciones en el mercado inmobiliario hacia 2026, según una encuesta de CBRE realizada en seis países de la región y recogida por El Cronista, aprovechando la ventana que abre la recuperación pospandemia y la mayor circulación de turistas internacionales.
La tendencia a la diversificación se consolida: el capital fluye tanto hacia destinos tradicionales como a ciudades intermedias que mejoran su conectividad y servicios.
Para propietarios, administradores y agentes inmobiliarios, esta coyuntura apunta a mayores oportunidades en el corto y mediano plazo. El repunte en la demanda de alojamientos y servicios turísticos pone bajo presión la capacidad de respuesta del sector: desde la reconversión de inmuebles existentes hasta la participación en nuevos desarrollos hoteleros, la dinámica regional sugiere una revalorización activa de activos bien ubicados y con potencial para usos turísticos.
El ciclo de expansión puede representar retornos atractivos, pero requiere atención a los riesgos asociados al entorno financiero y las diferencias regulatorias entre mercados. La clave para quienes buscan capitalizar la ola turística e inmobiliaria pasa por identificar las plazas con mejor acceso al crédito, apuesta clara por experiencias diferenciadas y solidez en la oferta de servicios complementarios. El momento actual privilegia a quienes reaccionan con agilidad y visión local ante los nuevos patrones del turismo internacional en Latinoamérica.
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