Judicialización de inversiones inmobiliarias: alerta en Colombia

El 19 de abril de 2024, un árbitro otorgó US$1.340 millones a Mohammad Honarkar y su empresa 4G Wireless Inc. en lo que se considera uno de los mayores fallos por fraude inmobiliario en la costa oeste de Estados Unidos. La decisión respondió al desplome de la cartera comercial de Honarkar en el sur de California, que incluía el Hotel Laguna, tras una serie de maniobras diseñadas por Mahender Makhijani y entidades vinculadas a Continuum Analytics: desde la manipulación contractual y el ocultamiento de información hasta la ejecución indebida de derechos sobre los inmuebles. Este episodio redefine el nivel de riesgo legal e ilustra cuán crucial resulta una diligencia robusta en el sector inmobiliario de alta sofisticación.

Cronología del fraude inmobiliario contra Honarkar: actores y métodos

El origen del conflicto remonta a 2021, momento en que Honarkar buscó apoyo financiero para refinanciar un crédito de US$195 millones golpeado por los efectos económicos de la pandemia. Se pactó la entrada de un “socio” con promesa de US$30 millones en capital y respaldo en la reestructuración de la deuda, pero ese capital nunca fue entregado en los términos acordados.

El fallo arbitral acreditó que Makhijani y sus empresas utilizaron los activos mismos de Honarkar como garantía para cubrir financiamiento propio, disfrazando esta operación de “aporte de capital”. Quedaron documentadas acciones de ocultamiento de información relevante, operaciones con claros conflictos de interés, retención de libros financieros y abandono del cumplimiento de pagos clave como hipotecas e impuestos; todo mientras transferían el control efectivo de los bienes. Estas prácticas desembocaron en la declaración de recepción judicial (receivership) y la ejecución hipotecaria sobre activos primordiales, comprometiendo la integridad del portafolio.

El impacto fue severo: la mayor parte de las propiedades, incluido el Hotel Laguna, resultaron adjudicadas o en proceso de liquidación. Actualmente, mientras los abogados de Honarkar gestionan la ejecución de la sentencia, Makhijani enfrenta cargos federales por fraude bancario debido a la manipulación de garantías. Este escenario expuso las debilidades de estructuras de coinversión ausentes de fiscalización y la facilidad con la que pueden ser modificados contratos y registros internos en ausencia de controles externos exhaustivos.

Fraude, litigiosidad y nuevas reglas en los portafolios inmobiliarios de Estados Unidos

La sentencia del caso Honarkar evidencia las crecientes demandas legales y la profundización del escrutinio en la industria inmobiliaria de mercados desarrollados, un fenómeno que se acelera en entornos donde los grandes portafolios dependen de mecanismos de deuda y complejos entramados societarios.

Los detalles de este caso coinciden con advertencias recientes en otros mercados inmobiliarios altamente desarrollados: aumento de litigios por incumplimientos, revisión intensiva de fiduciarias y mayor presión para documentar con precisión el origen de los fondos y los compromisos contractuales. La inestabilidad derivada de la pandemia y la volatilidad financiera han hecho más probable la aparición de situaciones de quiebra o fraude, especialmente ante apalancamientos ambiguos y estructuras societarias opacas.

No es un evento aislado. El FBI y algunos de los bancos más relevantes de la costa oeste han reforzado auditorías y acciones legales frente a esquemas similares a los empleados por Continuum Analytics. La resonancia del caso Honarkar ha impulsado exigencias de transparencia y obligación de rendición de cuentas en portafolios con hoteles, oficinas y activos comerciales en entornos urbanos.

En síntesis: siempre que un esquema de financiamiento inmobiliario utilice aportes de capital poco claros y activos subyacentes mal documentados, el riesgo de judicialización y de pérdida efectiva del patrimonio es tangible para cualquier inversor o gestor.

Contrastes con Colombia y el escenario en otros mercados latinoamericanos

Dentro de América Latina, solo Colombia ha reportado casos comparables por su grado de judicialización y complejidad contractual en el sector inmobiliario en años recientes. Vivienda.com.co consigna que el sector movilizó $51,2 billones en 2025 y creció un 31,5%, aunque registrando una brusca baja del 49,9% en ventas según Infobae Colombia, sobre todo en vivienda de interés social (VIS).

Más revelador que los montos es el precedente judicial: la Corte Suprema colombiana (Sentencia SC-5430-2021, según La FM) determinó que las fiduciarias involucradas en operaciones estructuradas deben comprobar efectivamente el cumplimiento de los proyectos y pueden responder con su propio patrimonio ante actos de negligencia. Esta interpretación, poco común en otros países de la región, ha elevado el estándar para agentes y promotores, exigiendo prácticas de mayor transparencia y diligencia en contratos.

El reporte de Cuatrecasas ratifica que Colombia se destaca por la proliferación de disputas contractuales y extracontractuales en inmobiliario y que una debida diligencia rigurosa impacta de forma directa en precios, viabilidad y riesgo de los proyectos. Según el Banco de la República, el entorno general de crédito mejora, aunque el sector, y en especial las pymes, continúan expuestos a la vulnerabilidad contractual.

Por su parte, en España y México no se verifican precedentes equiparables en cuanto a litigios derivados de fraudes inmobiliarios de esta complejidad y escala. Esto sugiere que la singularidad de Colombia responde en parte a su regulación y a la madurez estructural de su industria fiduciaria. Países como Argentina, Brasil, Chile o Perú, según la revisión de prensa local, tampoco presentan estadísticas documentadas sobre incidentes de magnitud y características semejantes.

Implicaciones concretas para inversionistas inmobiliarios colombianos y latinoamericanos

El proceso de Honarkar y los casos judicializados en Colombia refuerzan una advertencia clave: la sofisticación financiera y las coyunturas de alto crecimiento o volatilidad abren espacio a esquemas propensos al litigio y al fraude, especialmente allá donde los compromisos de capital y los contratos no son transparentes.

Para los implicados en el sector inmobiliario colombiano, estas sentencias subrayan la importancia de exigir garantías tangibles sobre los aportes y de escoger intermediarios con probada capacidad de gestionar y responder ante contratiempos. El estándar legal evoluciona y exige responsabilidad no solo al promotor, sino a todos los agentes fiduciarios y administradores involucrados en el flujo de fondos y documentación contractual.

En el resto de América Latina, la advertencia es anticiparse a posibles conflictos: la falta de instancias judiciales comparables en otros países no asegura inmunidad frente a estos riesgos, y a medida que surjan vehículos sofisticados y asociaciones complejas, los desafíos y litigios seguirán el ejemplo colombiano. El mejor blindaje reside en la trazabilidad financiera y la meticulosidad en la gestión contractual: la improvisación y la subestimación de riesgos legales en climas de alta presión financiera solo elevan el costo jurídico y ponen en jaque la integridad patrimonial del inversor.

Fuentes consultadas

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