La incertidumbre sobre la continuidad del T-MEC amenaza con alterar el pulso de las inversiones industriales y logísticas en México. La posibilidad de que el tratado comercial con Estados Unidos y Canadá llegue a su fin siembra dudas en desarrolladores, propietarios y administradores de parques industriales a lo largo del país. El flujo de capital para nuevos proyectos, crucial en regiones como el noreste y el sureste de México, enfrenta una tensión renovada ante el temor de que las reglas comerciales puedan cambiar cada año, disuadiendo compromisos de largo plazo en el sector inmobiliario productivo.
La economía mexicana, directamente dependiente de la integración con sus vecinos del norte, está expuesta a un retroceso significativo si el T-MEC se desvanece. Las voces del sector advierten: el escenario podría asemejarse a los años previos al TLCAN, cuando la inversión era escasa y la planta productiva, limitada a mercados locales o poco diversificados. El futuro de miles de millones en inversiones pendientes, tanto nacionales como extranjeras, ahora pende de la estabilidad del marco regulatorio trilateral.
El impacto comercial de México y Canadá en el mercado de EE. UU.: 29 % del total
La tríada comercial norteamericana representa una porción considerable de las importaciones y exportaciones de Estados Unidos. Según datos oficiales correspondientes al periodo de enero a mayo de 2026, México y Canadá participan en conjunto en el 29 % del comercio de productos estadounidenses: México con un 16,5 % y Canadá con un 12,5 %. Este flujo comercial, altamente favorecido por la existencia del T-MEC y, previamente, del TLCAN, ha sido el catalizador de una transformación radical en la economía mexicana (Inmobiliare, 2026).
La cifra de importaciones mexicanas, que antes de la apertura comercial en 1988 no superaba los 3 mil millones de dólares, se elevó hasta más de 50 mil millones de dólares en 2022 (INEGI, 2023). Este salto cuantitativo evidencia la dependencia adquirida por la industria mexicana respecto a los mercados estadounidenses y canadienses, donde actualmente se dirige la mayor parte de la producción industrial instalada en parques logísticos y manufactureros nacionales.
Reubicación de plantas y cautela inversora por la incertidumbre sobre el T-MEC
La volatilidad regulatoria ligada al tratado trinacional ya tiene efectos tangibles en la toma de decisiones de las empresas multinacionales. Toyota figura entre las firmas que han movido parte de sus operaciones fuera de México: la compañía trasladó capacidades productivas de Tijuana a Austin, Texas. Este desplazamiento responde a la creciente preocupación por el escenario de revisión anual del T-MEC, que introduce un elemento de imprevisibilidad incompatible con inversiones industriales de ciclo largo.
Tal como lo advierte Enrique David Ogaz Díaz, abogado inmobiliario y miembro del Sistema Estatal Anticorrupción de Nuevo León, el efecto inmediato es la reducción de apetito por megaproyectos logísticos y de manufactura en el país. “Las grandes inversiones no van a querer llegar al país porque se pueden comprometer: cada año pueden cambiar las reglas del juego”, señala Ogaz Díaz. Tesla, bajo la dirección de Elon Musk, también figura entre los inversionistas recelosos, pese al atractivo de regiones emergentes como el sureste, donde Estados Unidos anunció una inversión de 30 millones de dólares para impulsar la infraestructura industrial.
No es sólo la salida de plantas; los capitales foráneos muestran cautela incluso ante desarrollos ya planeados, priorizando flexibilidad en contratos y en modelos de inversión, mientras aumenta la presión sobre el sector inmobiliario para diversificar riesgos geográficos y contractuales.
Litigios y demoras judiciales: consecuencias para el inmobiliario industrial en CDMX
La inestabilidad generada por la posible caída del T-MEC podría detonar una ola de litigios en el sector inmobiliario nacional, especialmente en la Ciudad de México. Con la desocupación anticipada de bodegas, naves industriales y centros logísticos, se prevé un crecimiento en los conflictos legales por incumplimiento contractual e impagos derivados de la interrupción de operaciones.
El procedimiento judicial para dirimir estos casos es, además, notoriamente lento. En la capital del país, el auto de admisión de una demanda inmobiliaria puede demorar cerca de seis meses, de acuerdo con Ogaz Díaz Asociados. Esto implica que un conflicto legal puede extenderse por años, incrementando los costos para propietarios y dificultando la salida ordenada de activos en disputa. El clima de litigio permanente desincentiva la estabilidad de contratos de renta industrial y dificulta el flujo de nuevas inversiones, agudizando la incertidumbre incluso para los actores más robustos del sector.
Tensiones comerciales en México y sus repercusiones para la industria latinoamericana
La experiencia mexicana ante la fragilidad del T-MEC ofrece lecciones para otros mercados latinoamericanos enfocados en atracción de inversiones industriales y logísticas. Aunque la integración comercial de Centroamérica y Sudamérica no alcanza los niveles de Norteamérica, episodios de inestabilidad normativa o disputas contractuales también han ahuyentado grandes capitales en Colombia, Brasil o Argentina. En este contexto, la previsibilidad del marco legal y la agilidad del sistema judicial emergen como factores decisivos para mantener el interés de inversionistas globales y evitar la parálisis de proyectos estratégicos en la región.
Para quienes gestionan y administran espacios productivos, la señal es clara: la certidumbre jurídica y comercial será el principal activo en la nueva década.
📩 ¿Quieres recibir análisis del mercado inmobiliario de LATAM cada semana? Suscríbete al boletín de ATI.



