En 2025, España alcanzó un récord sin precedentes en cuanto al porcentaje de jóvenes que continúan residiendo en el hogar familiar: más del 46% en el grupo de 25 a 34 años, de acuerdo con datos de Funcas. Lo que alguna vez parecía limitado a adolescentes o estudiantes universitarios, ahora involucra cada vez más a adultos con empleo estable y formación superior. Lo más sorprendente es que esta situación afecta no solo a quienes no acceden a un empleo formal, sino también a una amplia franja de jóvenes trabajadores, cuyas percepciones salariales resultan insuficientes para independizarse. En ATI, leemos la experiencia española como una advertencia relevante para las principales ciudades latinoamericanas ante el reto de facilitar el acceso de las nuevas generaciones a la vivienda.
España 2025: juventud asalariada, vivienda cara y el freno a la independencia
En España, la raíz de esta situación conjuga varios elementos: los precios de la vivienda han alcanzado máximos históricos, los salarios de los jóvenes apenas han visto mejoras y las condiciones para el crédito hipotecario son más restrictivas que nunca. En Estados Unidos, Realtor.com reportó para 2025 un precio medio de vivienda de 430.000 dólares, con una subida del 34,4% respecto a 2019, mientras que la renta mediana de alquiler se ubicó en 1.673 dólares; aunque España y EE.UU. siguen dinámicas distintas, ambos exponen tensiones similares para los jóvenes adultos ante precios altos y salarios congelados.
Lo que vuelve este escenario especialmente peculiar es la composición del colectivo afectado: en España, casi siete de cada diez jóvenes entre 25 y 34 años que no han conseguido independizarse cuentan con empleo. En esa franja etaria, el retorno o permanencia en la casa de los padres creció diez puntos porcentuales durante la última década, según Funcas. Fotocasa Research añade que, al cierre de 2025, el 39% de menores de 35 años trataron de emanciparse (compra o alquiler), logrando hacerlo solo el 19%.
Endeudamiento juvenil y menor movilidad social
La situación se agrava por el tipo de pasivos que acumulan los jóvenes. A diferencia de generaciones previas, los menores de 35 años en España acumulan deudas estudiantiles, créditos de consumo y tarjetas, restando margen para ahorrar la entrada de una vivienda o reducir compromisos antes de buscar una hipoteca. Además, en muchos hogares se observa que los adultos jóvenes, lejos de recibir un subsidio familiar, aportan recursos para sostener a dos generaciones con un solo ingreso, como remarca Jim Chamberlin de Vulcan7.
Permanencia forzada en casa: signo de un mercado inmobiliario rígido
El fenómeno español ha dejado de ser visto como una situación pasajera. Su extensión y persistencia reflejan problemas de fondo: la producción insuficiente de viviendas asequibles y el debilitamiento de la movilidad social urbana por la presión inflacionaria y el crédito limitado. De acuerdo con Fotocasa Research, gran parte de la juventud posterga o incluso renuncia a la formación de nuevos hogares mientras la brecha entre ingresos y el costo de acceso sea tan grande. España se convierte así en exponente de una transformación estructural donde tener empleo ya no se traduce en autonomía residencial.
Este caso resulta relevante para quienes aún interpretan la emancipación como un proceso natural y continuo. Incluso jóvenes universitarios con contratos estables y trayectorias profesionales sin interrupciones enfrentan un panorama inédito: la vivienda resulta inaccesible si no hay equilibrio entre precios, salarios y opciones de financiamiento.
México y Chile frente a la prolongación de la convivencia familiar
Si bien las cifras de España representan un extremo, no son completamente ajenas a lo que ocurre en algunos mercados latinoamericanos. México ilustra el avance de este fenómeno: datos del Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI muestran que el 28,7% de jóvenes entre 25 y 34 años residía entonces con sus padres. Pese a estar lejos de los niveles españoles, la tendencia de adultos jóvenes con trabajo y estudios retrasando la salida del hogar materno ya es perceptible.
En el caso chileno, aunque el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) no detalla la cohabitación entre generaciones, sí registra un marcado crecimiento de hogares arrendatarios (30,7% en 2022), una señal de dificultades para acceder a la vivienda propia y de presión sobre la oferta de alquiler, más que de convivencia intergeneracional masiva.
En Argentina y varias economías grandes de la región no existen estadísticas equivalentes dentro de estos parámetros, lo que impide hacer comparaciones directas. Sin embargo, en grandes urbes de Brasil, Colombia o Perú, informes de Idealista y OLX dan cuenta de aumentos pronunciados tanto en precios como en el esfuerzo necesario para incorporarse al mercado de arrendamiento.
Lo que advierte España para el sector inmobiliario latinoamericano
España proporciona una señal clara de alerta y un precedente valioso para quienes participan en los grandes desarrollos inmobiliarios de Latinoamérica. Cuando ni el empleo garantiza la autonomía residencial, los productos de renta compartida, el co-living y la renta flexible adquieren gran protagonismo. Estas experiencias muestran que los inversionistas y desarrolladores que se enfoquen en soluciones adaptadas al público juvenil, en especial en contextos de altas tasas de empleo y estancamiento salarial como el mexicano y el chileno, hallarán una demanda creciente.
La estrategia de futuro pasa por dos caminos: desarrollar propuestas residenciales que abandonen el esquema tradicional de vivienda familiar “perpetua” y, al mismo tiempo, aceptar que la permanencia de jóvenes adultos en casa o en formatos grupales será una constante mayor. Ajustar la oferta, el financiamiento y la segmentación se vuelve indispensable para mantener la relevancia en el competitivo panorama de los próximos años.
Fuentes consultadas
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