Fallas estructurales: nuevas edificaciones colapsan pese a materiales modernos

Fallas estructurales Venezuela: nuevas edificaciones colapsan pese a materiales modernos

En Venezuela, el reciente sismo del 24 de junio dejó al descubierto una realidad crítica: las nuevas edificaciones también son vulnerables al colapso por errores concretos de ejecución, y no solo las estructuras antiguas construidas antes de la adopción de normas modernas. Hideki «Kit» Miyamoto, ingeniero estructural y referencia global en ingeniería sismorresistente, lo señala con un dato contundente: el 98% de las construcciones completamente nuevas analizadas en la zona afectada se derrumbaron tras el terremoto, pese a contar con materiales adecuados.

La herencia de viejas normas y la vulnerabilidad del parque inmobiliario

El impacto del terremoto en Venezuela revive preocupaciones sobre la antigüedad y falta de actualización del parque inmobiliario. La región ya vivió episodios devastadores en otras latitudes: en Turquía, el terremoto de 2023 resultó en la destrucción de cerca de 200 mil edificios y dejó 50 mil víctimas mortales, según fuentes oficiales. Haití, en 2010, enfrentó la catástrofe más letal de la historia reciente con 300 mil personas fallecidas.

Venezuela no actualizó de manera sistemática los estándares constructivos sino hasta mediados de la década de 1980 y comienzos de 1990, siguiendo una tendencia global detonada por grandes terremotos en Japón y Estados Unidos. Hideki Miyamoto recuerda que edificaciones levantadas antes de estos estándares —hace más de 60 años en Venezuela— permanecen especialmente expuestas: la última vez que un terremoto sacudió el país con intensidad parecida fue casi seis décadas atrás, un periodo de aparente calma que llevó al relajo de controles y revisiones profundas (elestimulo.com).

California aporta referencia en este contexto. Tras experimentar su último gran sismo hace 30 años, reforzó drásticamente sus códigos, con énfasis en inspecciones sistemáticas y el uso de detalles constructivos probados. En contraste, en La Guaira y otras zonas venezolanas visitadas por Miyamoto, los controles han sido esporádicos y, en la mayoría de los casos, insuficientes.

Fallas en la ejecución y supervisión: la debilidad detrás de materiales modernos

El caso de Venezuela destaca un fenómeno presente en otros episodios internacionales recientes: la mayoría de los nuevos edificios que colapsaron contaban con materiales técnicamente apropiados, pero errores mínimos —como una insuficiente longitud en el anclaje de varillas de refuerzo en las columnas— influyeron directamente en su derrumbe. Miyamoto enfatiza que “detalles tan mínimos como este marcan la diferencia entre un edificio que colapsa y uno que permanece en pie”.

Las inspecciones profesionales, tanto durante la ejecución de la obra como después, han sido la excepción y no la regla. En Turquía, Miyamoto International identificó el mismo patrón justo antes del sismo: una masiva ausencia de supervisión técnica, incluso en proyectos de inversión reciente. En el caso venezolano, la carencia de inspección independiente se combina con la práctica de autoconstrucción y la ausencia de auditorías sistematizadas.

La tendencia tampoco es exclusiva de Venezuela, pero el país repite errores que otros ya corrigieron tras sufrir pérdidas humanas y económicas severas. Japón y California han actualizado sus protocolos tras cada evento significativo, mediante inspecciones post-sismo y capacitación obligatoria para constructores e inspectores. En Haití, tras el desastre de 2010, se incorporaron revisiones con tecnología avanzada para certificar la seguridad estructural de cada edificación.

Cinco años críticos para impulsar la transformación estructural

Hideki Miyamoto advierte sobre los lapsos decisivos tras catástrofes sísmicas: la experiencia internacional indica que los países cuentan con un margen de aproximadamente cinco años para concretar cambios estructurales en normativa, mecanismos de inspección y cultura de la construcción, antes de que la memoria colectiva se disipe y el riesgo vuelva a normalizarse.

En Venezuela, la reacción inicial del gobierno incluyó la convocatoria a expertos y el inicio de planes de revisión; sin embargo, la historia demuestra que la efectividad depende de la voluntad sostenida y de la cooperación entre sector público y privado. Ricardo Cusanno, expresidente de la Cruz Roja Venezolana y de Fedecámaras, participó activamente en el Programa de Paz y Convivencia Democrática, reforzando este mensaje: la ventana de oportunidad para impulsar reformas sólidas es limitada y se cierra rápidamente tras la emergencia.

Casos recientes como el de Haití sirven como ejemplo: tras sufrir el terremoto de 2010 y pérdidas masivas, el país implementó un sistema de inspección de edificios basado en tecnología internacional, sentando un modelo replicado luego en otros contextos. Turquía, en cambio, mostró los riesgos de la inacción: tan solo unos años después, la proliferación de construcciones sin controles redundó en mayores pérdidas humanas y materiales.

Miyamoto International y expertos convocados por el Banco Mundial y agencias de la ONU han coincidido en la importancia de reglamentar la revisión post-obras y sancionar la negligencia, sin excepción para edificaciones residenciales o comerciales.

Perspectiva para América Latina

El caso venezolano reabre el debate sobre la necesidad de actualizar la regulación y la supervisión técnica en toda América Latina, donde gran parte del stock inmobiliario fue construido antes de los mayores avances en normas sísmicas internacionales. Al igual que en Venezuela, la autoconstrucción y los controles débiles prevalecen en ciudades de Centroamérica y la región andina, mientras países como Chile y México han comenzado a institucionalizar protocolos de evaluación post-sismo. Para propietarios y gestores inmobiliarios latinoamericanos, la experiencia venezolana ofrece una advertencia clara sobre los riesgos de la complacencia estructural y las oportunidades que puede abrir la toma de decisiones informadas en los próximos años.

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