El 2 de julio de 2026, Connor Teskey—CEO de Brookfield Asset Management—anunciaba en la City de Londres una jugada que sacude el mercado inmobiliario global. Brookfield, junto a la Qatar Investment Authority, llevará centros de datos enfocados en IA al corazón financiero de Canary Wharf, tradicionalmente territorio sagrado para oficinas premium y banca. El movimiento, que ocurre en una zona apodada la “Wall Street británica”, confirma la magnitud de la transformación: la infraestructura digital deja de ser periférica para ocupar los sitios de mayor valor, reconfigurando la ecuación de rentabilidad y uso de activos inmobiliarios. Según las declaraciones de Teskey recogidas por CNBC, el rápido ascenso de la IA es hoy “el tema único más relevante” en las decisiones de inversión de la firma, por encima de cualquier otra tendencia.
El caso Brookfield-Canary Wharf en detalle: inversión, contexto y lo que hizo posible la jugada
Brookfield y la Qatar Investment Authority controlan Canary Wharf mediante el grupo inmobiliario Canary Wharf Group, lo que les da una posición privilegiada para rehacer el destino de este emblemático distrito. Durante años, la zona se identificó con oficinas de grandes bancos y multinacionales financieras; sin embargo, la revolución tecnológica — y sobre todo la irrupción de la inteligencia artificial — están cambiando las prioridades de valor en el sector.
El detonante es la demanda global de infraestructura capaz de soportar aplicaciones de IA, que depende casi exclusivamente de la existencia de data centers avanzados, con requerimientos masivos de conectividad y energía. Brookfield, que ya opera una cartera global de data centers valorada en múltiples gigavatios, viene expandiendo su capacidad con alianzas institucionales y fondos especializados, como su reciente vehículo de inversión en IA lanzado con Nvidia y acuerdos de cooperación para centros en Francia y Suecia. Esta estrategia, según CBRE y JLL en sus reportes sectoriales, responde a tres grandes motores: el auge del consumo de energía para IA, la digitalización acelerada y la urgencia de adaptar cadenas de suministro globales.
El plan no solo significa nueva construcción; implica competir por metros cuadrados en sitios históricos de alto precio, desplazando otros usos clásicos del real estate. De acuerdo con el enfoque de Brookfield, la clave está en firmar contratos de largo plazo con clientes de primer nivel (gobierno, big tech), lo que mitiga riesgos y justifica la reconversión de activos. Aunque Teskey admitió presencia de “burbujas” en algunos segmentos de centros de datos, defendió que la escala y la calidad de los contratos distinguen las apuestas viables y de largo plazo.
Este relanzamiento del valor inmobiliario —donde energía, conectividad y digitalización pesan más que la localización bancaria— probablemente habría parecido impensable hace cinco años. Pero la velocidad de absorción de espacio para centros de datos, el margen de crecimiento y los flujos de capital involucrados ya están reconfigurando grandes distritos europeos.
¿Es el caso Brookfield-Canary Wharf la punta de lanza de una tendencia más amplia?
En ATI identificamos este caso como mucho más que una curiosidad local o un truco singular. Marcas globales como Brookfield no actúan por capricho, sino siguiendo el pulso de dónde está realmente el valor inmobiliario hoy. La operación en Canary Wharf es el ejemplo más visible de una dinámica que JLL y CBRE ya describen a escala mundial: la absorción y valorización de suelo para centros de datos IA ahora rivaliza, e incluso supera, a los usos tradicionales de oficinas corporativas.
Lo relevante, según las cifras reportadas por JLL y Grand View Research —y que CBRE contextualiza desde la perspectiva global— es que la “batalla” por espacio y energía aptos está apenas comenzando. Los contratos de largo plazo, la hiper-especialización en seguridad y conectividad, y el respaldo de clientes internacionales generan un círculo virtuoso para propietarios y fondos inmobiliarios en mercados desarrollados. Todo esto crea una presión por replicar la fórmula en otras regiones, adaptando la receta a oferta energética, incentivos regulatorios y, sobre todo, disponibilidad de capital a escala.
Más allá de la operación en Londres, Brookfield ya avanza en acuerdos en Francia y Suecia, mientras gigantes como Google, AWS y Microsoft también absorben suelo urbanizable clave en mercados selectos. Paradójicamente, en regiones donde la llamada “burbuja del data center” amenaza, el acceso a contratos garantizados y energía barata sigue separando proyectos sólidos de experimentos fallidos.
¿Existe un caso comparable (verificado) en Latinoamérica o España?
Al revisar los datos disponibles, ningún proyecto de reconversión tan emblemático —y en zona tan icónica— como el de Brookfield en Canary Wharf se ha reportado en América Latina ni en España hasta el momento. Aunque el mercado regional de centros de datos muestra una expansión acelerada, las fuentes verificadas como Grand View Research y DC Market Insights detallan un crecimiento sólido (con volúmenes anuales proyectados por encima de los US$11.060 millones en 2025 y cifras que doblan en menos de una década), pero sin ejemplos del calibre de una transformación de distrito financiero central.
Brasil lidera en Latinoamérica, concentrando hasta el 38% del mercado de centros de datos para 2025 (DC Market Insights), y controlando cerca del 61,80% del mercado de inmuebles asociados a data centers en Sudamérica (Mordor Intelligence). México, Chile y Colombia son los siguientes destinos fuertes, motivados por su conectividad y energía competitiva. Sin embargo, ninguno de estos mercados ha visto hasta la fecha una reconversión de un cluster tipo “Wall Street” nacional dedicado a IA.
En España, el Observatorio Inmobiliario corrobora el auge de centros de datos vinculados a IA y servicios de nube, pero la evidencia disponible no nombra ningún caso equiparable —ni por magnitud ni por la elección de ubicaciones emblemáticas—al abordado por Brookfield en Londres. El cambio de modelo está en marcha, sí, pero condicionado por la distinta escala de capital, regulación y la profundidad del mercado local.
Así, lo que falta para tener un caso análogo en países como Brasil, España o México es la combinación de: a) inversión institucional de primer orden en zonas prime que históricamente fueron bancarias o de oficinas de representación, b) acceso asegurado a energía y conectividad en escala masiva, y c) contratos a largo plazo con clientes globales dispuestos a respaldar inversiones de décadas.
La lección práctica para propietarios e inversores de América Latina y España
Lo que muestra el caso Brookfield-Canary Wharf es cómo la infraestructura digital —potenciada por IA— puede redefinir las reglas del juego inmobiliario incluso en los lugares más codiciados y tradicionales. Para América Latina y España, donde la expansión de centros de datos es real y cuantificable (con Brasil a la cabeza y México, Chile y Colombia como protagonistas secundarios según Grand View Research y DC Market Insights), la lección es doble.
Por un lado, no basta con ofrecer suelo barato: la ventaja la tienen quienes logran garantizar acceso a energía, conectividad, permisos de cambio de uso y contratos sólidos de largo plazo. Por otro, el mayor margen de ganancia para propietarios surgirá en los clusters que consigan atraer a clientes de escala mundial, dispuestos a firmar acuerdos multianuales —algo que aún está evolucionando en la mayoría de mercados emergentes.
La invitación, así, es a repensar la cartera de activos y explorar alianzas estratégicas. Mientras no se materialicen casos en corredores tan prestigiosos como un “Canary Wharf latinoamericano”, el espacio para anticipar valor está en las áreas industriales y tecnológicas cercanas a hubs de energía renovable y alta conectividad. El que se adelante podrá capitalizar una transformación que, en el mundo desarrollado, ya es el nuevo estándar del juego inmobiliario.
Fuentes consultadas
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