Cuando un inversor evalúa dónde comprar un inmueble en América Latina, revisa el crecimiento del PIB, la inflación, el tipo de cambio y, quizás, la estabilidad política. Pocas veces revisa algo tan básico como si la electricidad va a seguir funcionando sin sobresaltos. En 2026 hubo señales concretas: suspensiones programadas del servicio en México, un corte masivo en el área metropolitana de Buenos Aires, un fenómeno de El Niño que tensiona al sistema colombiano y colapsos totales de la red eléctrica de Cuba. Con los datos de generación de Ember de 2025, la última edición disponible, el riesgo se puede comparar país por país.
Por qué la estabilidad energética debería pesar como un indicador macro más
Los indicadores macro que suelen entrar en la ecuación de un inversionista, como el crecimiento, la inflación, el tipo de cambio y la estabilidad política, describen cuánto vale un mercado y cuánto riesgo institucional carga. Ninguno responde a una pregunta más operativa: si el país puede sostener el consumo eléctrico de sus propios edificios, comercios e industrias sin interrupciones recurrentes. La estabilidad energética no reemplaza a esos indicadores, los complementa: funciona como un proxy de qué tan resiliente es la infraestructura básica frente a picos de demanda, choques externos como una sequía o un embargo de combustible, o la falta de inversión en mantenimiento.
Tiene sentido tratarla como una variable de riesgo porque, a diferencia de la inflación o el tipo de cambio, sus causas suelen ser estructurales. Una matriz concentrada en una sola fuente, la dependencia de un solo proveedor externo o una infraestructura que superó su vida útil no se corrigen en un ciclo electoral ni con una intervención puntual del banco central: son decisiones de inversión en generación y transmisión que tardan años en madurar.
Lo que muestran los datos de Ember: cada país carga un riesgo distinto
Según los datos anuales de Ember, un centro de análisis energético independiente, así se repartió la generación eléctrica de 2025 en cuatro mercados de la región:
- México: 74,1% con combustibles fósiles, 61,6% con gas natural y 13,4% con solar y eólica.
- Argentina: 58,4% con combustibles fósiles, 53,6% con gas natural, 17,1% con hidroeléctrica y 15,5% con solar y eólica.
- Colombia: 69,2% con hidroeléctrica, 23,0% con combustibles fósiles y 5,3% con solar y eólica.
- Chile: 33,6% con combustibles fósiles, 22,2% con hidroeléctrica y 38,1% con solar y eólica, con 25,1% solar.
En México, la dependencia del gas viene de afuera: Ember calculó que en 2024 más de la mitad de la electricidad (54%) se generó con gas importado de Estados Unidos. El 12 de junio de 2026, la Comisión Federal de Electricidad anunció un calendario de suspensiones temporales del servicio por mantenimiento preventivo, modernización de subestaciones y balanceo de carga en la red de distribución, según El Informador.
Colombia tiene el problema inverso, el del agua. En 2024, tras el fenómeno de El Niño de 2023-2024, la hidroeléctrica aportó 54,8% y los combustibles fósiles subieron a 38,7% de la generación. A eso se suma un déficit de gas que, según un estudio del Cree para Andesco recogido por Infobae el 28 de enero de 2026, podría superar 39% de la demanda en 2026 y llegar a 58% en 2027 si no se adoptan correctivos. El 8 de octubre de 2026, el IDEAM declaró oficialmente el fenómeno de El Niño en Colombia y proyectó una intensidad de fuerte a muy fuerte al menos hasta marzo de 2027, con una probabilidad de 83%.
Chile ofrece el contraste. En 2025 alcanzó una participación solar de 25%, la segunda más alta del mundo, y duplicó su capacidad de baterías a 7,6 GWh, según Ember. Una matriz más diversificada no elimina el riesgo energético, pero lo reparte entre más fuentes.
Cuando la red falla: Argentina y Cuba
En enero de 2026, una falla en la Subestación Morón, de 220 kV, dejó sin electricidad a unos 923.000 usuarios en el pico del corte, 840.000 de Edenor y 83.000 de Edesur, lo que afectó a más de 3 millones de personas del área metropolitana de Buenos Aires durante una ola de calor con un pico de demanda de 25.000 MW, según Chequeado. El episodio muestra el segundo eslabón del riesgo: no solo cuánto se genera, sino si la red de transporte y distribución lo entrega.
El caso extremo de la región es Cuba. Ember registra que en 2024 generó 96,0% de su electricidad con combustibles fósiles. Al 3 de agosto de 2026, el país acumulaba seis colapsos totales de su sistema eléctrico en el año, según Infobae. Las siete centrales termoeléctricas que sostienen la mayor parte de la generación superan los 40 años de funcionamiento y el combustible escasea. La Habana atribuye la crisis al embargo energético de Estados Unidos; Washington la atribuye a la gestión económica interna y al estado de la infraestructura. Es un extremo que ningún mercado de la región quiere alcanzar, pero ilustra hasta dónde puede escalar un problema que empieza en apagones puntuales.
Por qué la inestabilidad energética es un riesgo real para la inversión inmobiliaria
Un corte recurrente no es solo una molestia para el inquilino: tiene un costo para el propietario y el administrador. Oficinas y desarrollos comerciales dependen de ascensores, climatización, cámaras de seguridad y, cada vez más, de infraestructura digital que no tolera interrupciones. Cuando la red falla con frecuencia, la respuesta habitual, con plantas de respaldo, UPS y contratos de mantenimiento reforzado, se traduce en gastos operativos más altos que presionan a la baja el rendimiento neto del activo.
La inestabilidad energética también entra en la ecuación de las aseguradoras, con pólizas de interrupción de negocio y cobertura de daños por sobretensión, y puede pesar en la valorización: un inmueble en una zona con historial de cortes recurrentes puede competir en desventaja frente a uno con suministro confiable, aunque el resto de sus atributos sea idéntico.
México suma 68,6 puntos en el Índice de Oportunidad, pero el Índice no mide el riesgo energético
El Índice de Oportunidad Inmobiliaria de ATI combina cinco variables: la relación precio/alquiler, la rentabilidad bruta del alquiler, la carga hipotecaria, el crecimiento del PIB y la inflación. Ninguna mide la estabilidad del suministro eléctrico. México suma 68,6 puntos, en el puesto 4 de 15 países; Colombia, 66,5 puntos, en el puesto 5 de 15; Argentina, 53,4 puntos, en el puesto 9 de 15; y Chile, 51,9 puntos, en el puesto 11 de 15, frente a un puntaje regional de 56,0 (Numbeo, 2026).
Que un mercado puntúe alto en el Índice no significa que su riesgo energético esté descontado: es una variable que el inversionista debe sumar por separado.
Qué debería revisar un inversor antes de comprar en un mercado con riesgo energético
La información es pública y verificable; no hace falta ser especialista en energía para incorporarla. Antes de comprar o desarrollar en un país o ciudad específica, vale la pena revisar:
- La composición de la matriz eléctrica del país (el Electricity Data Explorer de Ember es gratuito) y qué tan concentrada está en una sola fuente.
- El historial reciente de cortes programados o de emergencia en la zona específica donde está el inmueble, no solo a nivel nacional.
- La dependencia de importaciones de combustible o electricidad, y de cuántos proveedores externos depende esa importación.
- La existencia y el costo real de infraestructura de respaldo (plantas, UPS) ya instalada en el inmueble o el edificio.
- La cobertura de seguro disponible para interrupción de negocio y daños asociados a fallas eléctricas en ese mercado.
Ninguno de estos puntos descarta por sí solo una oportunidad: México y Colombia, pese a los riesgos descritos, siguen siendo mercados inmobiliarios activos y con demanda real. Pero incorporarlos al análisis, junto a los indicadores macro tradicionales, permite anticipar un costo que de otra forma aparece como sorpresa en el estado de resultados del primer año de operación.
La estabilidad energética no va a reemplazar al PIB ni a la inflación como indicador de cabecera para el inversor inmobiliario en LATAM, pero merece un lugar fijo en la lista de revisión. Los datos de 2025 y 2026 muestran que el riesgo es real, medible y distinto en cada país, y que ignorarlo no lo hace desaparecer: solo lo pospone hasta que aparece en la factura de mantenimiento o en la valorización del activo.
Fuentes consultadas
- Ember, Yearly electricity data (edición de 2026)
- Ember, Renewables point the way to Mexico’s energy security
- Ember, Ember Current, boletín de mayo de 2026
- El Informador, CFE anuncia apagones programados para junio 2026 (12/06/2026)
- Infobae, Alarma por el gas en Colombia: el déficit sería casi del 40% en 2026 y del 58% en 2027, según Andesco (28/01/2026)
- IDEAM, IDEAM confirma el fenómeno de El Niño y UNGRD articula la preparación nacional para afrontar sus efectos (08/10/2026)
- Chequeado, Cortes de luz: más de 3 millones de usuarios del AMBA afectados por una falla en una subestación de Edenor (18/01/2026)
- Infobae, Crisis en Cuba: la isla sufrió un nuevo apagón nacional y ya acumula seis colapsos de su sistema eléctrico en 2026 (03/08/2026)
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