Ventas pendientes bajan en Norteamérica por debilidad inmobiliaria

En agosto de 2026, el mercado inmobiliario de referencia en Norteamérica registró un hecho fundamental: el índice nacional de ventas pendientes de viviendas publicado por la National Association of Realtors (NAR) se ubicó en 71.2 puntos, lo que supone un descenso del 4,7 % frente al mismo mes del año anterior. Esta lectura no solo consolidó la tendencia de debilidad en la firma de nuevos contratos de compraventa, sino que reflejó una actividad contractural aproximadamente un 30 % por debajo de los años previos a la pandemia. Incluso con una ligera mejora mensual del 0,3 %, la cifra expuso la vulnerabilidad persistente de la actividad residencial en el mayor mercado occidental de compraventa de viviendas.

Un agosto atípico: caída interanual y rebote momentáneo bajo la lupa

El caso del índice de ventas pendientes de la NAR, conocido como Pending Home Sales Index (PHSI), es relevante no solo por su papel como termómetro anticipado –ya que refleja contratos firmados pero aún no cerrados–, sino por la profundidad de la caída evidenciada en 2026. En agosto, el índice alcanzó un nivel de 71.2; una base de 100 equivaldría al promedio de actividad contractual de 2001, año inaugural de la serie histórica.

El propio economista en jefe de NAR, Lawrence Yun, enfatizó el matiz de la situación: “Buyers steadily entered into contracts in August even though mortgage rates increased. However, the housing market is still sluggish, with contract signings below last year. This is due to higher mortgage rates offsetting the increased buying power created by job gains and income growth outpacing home price growth. Nationally, contract signings today are running roughly 30% below where they were in the years leading up to the pandemic. Transaction activity peaked in 2021 when mortgage rates fell to near 3%, a historic low, and has not approached that level since”.

Pese al repunte mensual del 0,3 %, el trasfondo es negativo: los contratos pendientes disminuyeron 4,7 % interanual. Además, comparado con los años previos a la pandemia, el nivel está 30 % por debajo, reflejando que la recuperación no se consolida tras el pico de 2021, cuando los tipos hipotecarios tocaron mínimos históricos de cerca del 3 %. También hay un matiz regional marcado. El PHSI cayó mensualmente en el Northeast (-4,2 %, índice de 61.6) y Midwest (-1,6 %, índice de 72.1), mientras que el South registró una mejora mensual del 2,3 % (índice de 86.2), y el West, del 3,0 % (índice de 54.3). Sin embargo, todas las regiones reportaron caídas anuales, desde la más leve en el Sur (-3,8 %) hasta la más severa en el Oeste (-6,7 %).

La explicación es directa: las alzas de tipos hipotecarios en 2026 presionaron la actividad, contrarrestando el efecto positivo de mayores ingresos y crecimiento en el empleo. El propio Lawrence Yun apuntó, además, que “el Northeast y el Midwest vieron el mayor crecimiento de precios de viviendas en agosto, por lo cual esas dos regiones anotan las caídas más profundas en firmas de contratos pendientes”.

Como complemento, los datos de HousingWire señalan que en la semana finalizada el 11 de septiembre se reportaron 356.106 viviendas unifamiliares pendientes de venta, lo que representa un descenso interanual del 2,1 %. No se trata, por tanto, de un fenómeno puramente estacional ni de una anomalía puntual, sino de una debilidad estructural que lleva al índice a niveles mínimos desde el inicio de la serie.

El propio mes anterior –junio de 2026– ofreció otra señal clara de malestar: el índice cayó un 5,4 % mensual y un 0,3 % interanual, ahondando el contexto de ralentización. La persistente caída de la actividad, tanto en la comparación anual como mensual, evidencia cuán fuerte es el peso de la incertidumbre hipotecaria y de la falta de stock.

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¿Un caso aislado o señal de cambio estructural?

Lo ocurrido en agosto de 2026 no es simplemente un bache fugaz. La combinación de rebotes mensuales leves, pero descensos anuales constantes, subraya un mercado activo, pero lejos de su potencia previa, sumergido en un nuevo equilibrio forzado por las tasas de interés elevadas y la escasez de inventario. La tendencia de debilidad no se circunscribe a una región o mes puntual: en 2026, el Pending Home Sales Index ya había caído a 72.5 puntos en junio, con bajas de hasta el 9 % mensual en algunos mercados regionales, según otra nota de HousingWire. Ese patrón no se limita a un momento de volatilidad, sino que apunta a una normalidad de menor dinamismo.

Por eso, el dato de que en agosto la actividad sea todavía un 30 % inferior al promedio prepandémico resulta crítico: deja entrever que el ciclo inmobiliario de referencia está bajo presión estructural, no solo coyuntural. Desde 2021, con tasas hipotecarias cerca del 3 %, la compraventa residencial vivió su momento de auge, pero la subida de tipos, combinada con la oferta limitada, impide un retorno rápido a ese punto de partida.

El comportamiento simultáneo en distintas regiones, con descensos mientras suben los precios —especialmente en Northeast y Midwest—, sugiere que la relación salario-precio y el acceso a la financiación se convirtieron en focos de tensión y no en meros detalles del ciclo. Este patrón de ajuste forzado es representativo del tipo de “enfriamientos” que atraviesan los grandes mercados inmobiliarios cuando el crédito se encarece.

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¿Se observa una situación comparable en España o Latinoamérica?

No existe a la fecha, según los datos verificados disponibles, un caso idéntico en América Latina o España en 2025-2026, ni con la misma tendencia ni con la sofisticación del indicador adelantado utilizado por NAR.

España, por ejemplo, atravesó en 2025 una situación marcadamente distinta: según el Instituto Nacional de Estadística (INE), se vendieron 714.237 viviendas, lo que representa un 11,5 % más que el año anterior. Medios nacionales como RTVE y El País confirmaron esta cifra, remarcando que es el nivel más alto desde 2007 y refleja una demanda robusta post-pandemia, opuesta al enfriamiento norteamericano. La tónica ibérica es de expansión y récords, no de ralentización.

En Chile, los registros de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) muestran un mercado también en recuperación y crecimiento. En 2025, las ventas de viviendas nuevas aumentaron un 14 % a nivel nacional, superando las 12.000 unidades anuales. El segundo trimestre de 2025 registró un alza del 1 % interanual y del 23 % trimestral en ventas de viviendas nuevas, según la CChC, igualmente indicando tendencia opuesta a la del mercado norteamericano.

Para el caso argentino, el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires reporta que en 2025 se firmaron 69.461 escrituras de compraventa, un 27 % más que en 2024, y se trata del mejor registro en dos décadas. La provincia de Buenos Aires, por su parte, alcanzó 147.393 operaciones en 2025, con un salto del 29 % anual, reflejando una recuperación muy por encima de la racha previa.

En México, el Índice SHF de Precios de la Vivienda –según la Sociedad Hipotecaria Federal– aumentó un 8,2 % interanual en el primer trimestre de 2025, con la vivienda nueva subiendo 8 % y la usada 8,3 %. De nuevo, no hay datos de caídas en operaciones ni freno en la actividad que se asemeje al estancamiento observado en el mercado maduro.

La ausencia de un fenómeno análogo a la desaceleración estadounidense en estos mercados se explica por varios factores: tasas de crecimiento demográfico más sostenidas, demanda interna contenida tras la pandemia, recuperación del empleo y distintos ciclos en la política monetaria, entre otros. Además, la disponibilidad de estadísticas adelantadas de contratos pendientes con la periodicidad y alcance del PHSI sigue siendo limitada en Latinoamérica —por lo general, los indicadores principales son ventas efectivamente escrituradas o índices de precios, pero no de compromisos no cerrados.

Colombia registra menos años de alquiler para comprar y mayor puntaje que España en el Índice

La debilidad en la firma de contratos en Norteamérica pone el foco en cuánto cuesta comprar frente a alquilar en otros mercados. España suma 54,5 puntos, banda Neutral, por debajo del puntaje regional (56,0), según el Índice de Oportunidad Inmobiliaria de ATI. Comprar en el centro de sus ciudades equivale a 19,9 años de alquiler, igual a la mediana de los 15 países del Índice (Numbeo, 2026). Su carga hipotecaria, de 58,2% del ingreso, está por debajo de la mediana de 138,8%: hipoteca más asequible.

Colombia alcanza 66,5 puntos, banda Moderada, por encima del puntaje regional (56,0), según el mismo Índice. Sus 16,4 años de alquiler para comprar quedan por debajo de la mediana de 19,9: comprar sale más barato frente al alquiler (Numbeo, 2026). Su carga hipotecaria, de 224,4% del ingreso, está por encima de la mediana de 138,8%: hipoteca menos asequible. Para el inversor que sigue este enfriamiento, Colombia presenta una relación compra-alquiler más favorable con un crédito más exigente, y España una hipoteca más asequible con una relación compra-alquiler en la mediana.

La principal lección para propietarios y agentes regionales

La crónica de agosto de 2026 evidencia un aspecto clave: incluso en los mercados más maduros y con la mejor infraestructura estadística, la relación entre tasas de interés, inventario disponible y capacidad de compra puede cambiar de forma abrupta el ritmo y la confianza del sector residencial. Para propietarios, agentes e inversores de España, México, Chile y Argentina, la principal advertencia no es una réplica directa de la tendencia estadounidense, sino la necesidad de vigilar las tensiones entre acceso al financiamiento y valorización de activos, sobre todo en ciclos de suba de tasas o inflación.

Hoy, los datos regionales —según el INE en España, la CChC en Chile, el Colegio de Escribanos en Argentina y la SHF en México— muestran un sector en recuperación robusta o con precios en subida, pero esa trayectoria podría girar si el entorno de crédito o las condiciones globales se endurecen. Una señal que deja el caso concreto del mercado estadounidense es que los ajustes del ciclo pueden tomar fuerza y profundidad cuando el entorno financiero cambia, lo que enfatiza la relevancia de anticiparse a escenarios de posible ajuste, mantener flexibilidad para renegociar condiciones y no dar por sentada la continuidad indefinida del auge actual. La solidez de la demanda puede sostenerse largos meses —como muestra el caso ibérico, chileno y argentino—, pero la experiencia reciente norteamericana enseña que el punto de inflexión puede llegar sin mucha advertencia y, cuando lo hace, impactar sostenidamente la evolución del mercado.

Fuentes consultadas

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